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domingo, 17 de diciembre de 2017
miércoles, 14 de junio de 2017

El IAACC Pablo Serrano acoge la exposición Javier Joven. Contra Acción, un retorno a las raíces familiares

La muestra es uno de los primeros proyectos expositivos impulsados por la Dirección General de Cultura en apoyo al arte contemporáneo
Un total de 35 obras, algunas de ellas inéditas, conforman la exposición que se podrá visitar hasta el 17 de septiembre
Inauguración de Javier Joven, Contra Acción en el IAACC Pablo Serrano

Javier Joven. Contra Acción es el título de uno de los primeros proyectos expositivos surgidos del contrato de producción impulsado por la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón en apoyo a la creación contemporánea. La muestra, que permanecerá abierta al público hasta el 17 de septiembre en el IAACC Pablo Serrano, está integrada por un total de 35 obras, la mayoría de ellas se exponen por primera vez, e incluyen desde pintura de gran formato (entre ellas, un díptico, un tríptico y un políptico), fotografía, vídeo y objetos varios. La exposición cuenta, además, con la edición de un catálogo que incluye un texto de Susana Blas.

La muestra, que ha inaugurado hoy el director general de Cultura y Patrimonio, Nacho Escuín, acompañado por el director del museo, Julio Ramón, y el artista Javier Joven, sintetiza el proyecto Contra Acción que el autor viene desarrollando desde 2012 y que ha supuesto una apertura a la interdisciplinariedad y un retorno a las raíces familiares. En sus obras se puede apreciar una fuerte presencia de Villalengua, escenario que, además de actuar como fondo en sus trabajos, representa el paisaje interior del artista.

Javier Joven, que además es comisario, estructura la muestra en las secciones Logos, Profecía, Silencio y Quietud, que se abren con breves piezas poéticas de su misma autoría. No en vano, la lectura de Lao Tse, Platón, Nietzsche, Tanizaki, Confucio, Santa Teresa o el turolense Miguel de Molinos, entre otros muchos autores, conforman el punto de partida de esta muestra en la que el autor, partiendo del autorretrato, en ocasiones un tanto sui generis por su ocultación premeditada mediante el uso del pasamontañas, reflexiona en tiempos de la hiperactividad sobre la “no acción” desde una perspectiva impregnada de la lectura de los místicos. “Trato de plasmar algo inefable que trasciende mi experiencia particular. La experiencia mística aspira a ser universal, pero paradójicamente es extremadamente personal”, explica Joven.

Susana Blas resume así el viaje interior que Joven nos invita a recorrer: “En la primera etapa: LOGOS, sale a predicar (quizá inútilmente), libro en mano, las virtudes de la razón a los animales, a los árboles y a los vegetales. “El logos es la collera de lo real. Lo real es idiota y permanece siempre ahí como animal desollado”. “Arropamos de palabras lo real para protegernos: adherimos piel a las vísceras de lo cotidiano”, me escribe Javier. Y descubierta la incapacidad para influir en el entorno, se accede a la segunda fase: SILENCIO, para la cual, cambia de atuendo. Utiliza la neutralidad del pasamontañas y permanece hierático en diferentes ambientes alusivos a sus recuerdos. “El silencio es un acto de compromiso con lo real. La rebelión de la conciencia marcada. También la intuición del vacío, de la nada que acecha y precariza (e intensifica) nuestra experiencia”, añade en su carta.

Y tras el silencio, llega la QUIETUD, esa pasividad creativa.Ω “En la búsqueda de quietud he tenido dos momentos: la experimentación de mi propio fluir espontáneo y la conexión con algunos hechos de mi pasado familiar. A veces, cuando te detienes, se agolpa en ti la memoria que arrastras”. A esta serie pertenecen piezas pictóricas abstractas de enorme belleza como Wu Wei (interior enmarañado) y Caos, germen (2014). Solo al final se atisba una idea de porvenir, de PROFECÍA (así se llama la última sala), y el círculo por fin se cierra. “Finalmente, una intuición honda e inconmensurable me abraza, me mece y cierra mi proceso como si de un círculo se tratara. El vacío, entonces, no es una acechanza, sino un sentimiento de plenitud”. El último cuadro sobrecoge. En él reúne todos los elementos de los estadios anteriores (el porte serio, los libros, la quietud, la abstracción pictórica… la nada). Nada que afirmar, nada que perder”.
 

 

 

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